El Deseo, Una Gran Fuerza Vital que Puede Conducir al Amor

La naturaleza ha sido, es y seguirá siendo perfecta, por más que el ser humano se esté encargado, tozudamente, de “destrozarla” con la devastadora contaminación ambiental, con la, muchas veces bizarra ingeniería genética y quién sabe con cuantos más atropellos contra la esencia de lo natural.

El apetito sexual: un signo inequívoco de la necesidad de preservar las especies, entre ellas, la del ser humano 

Todos nos hemos preguntado, por lo menos una vez en la vida, “¿quién se dedicaría a procrear hijos y, como consecuencia lógica, a preservar la especie humana, si no fuera por el deseo sexual?” Creemos que muy pocos y por ende, la civilización se hubiese extinguido hace cientos de miles de años.

Es más, muchos científicos consideran que si no fuera por el permanente estímulo (así sea en estado de latencia) del interés sexual, la vida misma no tendría absolutamente ninguna razón de ser, por lo que, igualmente, la civilización ya hubiese desaparecido hace muchísimo tiempo.

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Anotemos, de paso, que no estamos intentando “sexificar” la existencia misma del ser humano. Pero si fuésemos capaces (y, de hecho, algunas personas lo son) de abstraernos mentalmente (en un 100%) y situarnos en un hipotético mundo en el que no existiese el sexo, llegaríamos a la inexorable conclusión de que nuestra existencia no tendría razón de ser.

En fin y a todas estas, debemos desentendernos, por lo pronto, de estas consideraciones antropológicas un tanto profundas, para “aterrizar en terrenos más mundanos”.

El deseo sexual y el amor

Antes de incursionar en este “escabroso terreno”, anotemos que es mucho lo que se ha estudiado y polemizado (por parte de diferentes disciplinas científicas) respecto de si es más intenso el apetito sexual masculino o el femenino.

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Sin pretender llegar a una conclusión sobre tan debatido tema, digamos que existen dos verdades fundamentales. De un lado, el varón exterioriza con mucha más notoriedad el apetito sexual. Las mujeres, en cambio, son bastante más cautas a este respecto.

Y, de otro lado, tenemos que el ciclo menstrual de la mujer influye poderosamente en su apetito sexual, hasta el punto en el que, cuando se encuentra en el período de ovulación, su interés sexual por los varones se multiplica por “n” veces.

Entremos, ahora sí, a analizar lo referente a la potencial vinculación entre el apetito carnal y el amor romántico.  No siempre que hay deseo sexual por otra persona, existe amor romántico de por medio. Es más, muchas veces podemos sostener una relación estrictamente sexual (carnal) con otra persona, sin que lleguemos a enamorarnos jamás de ella.

Sin embargo, nada podemos asegurar en sentido contrario. Seamos más claros y explícitos: siempre que estamos enamorados, será inexorable el sentir deseos de relacionarnos sexualmente.

Lo anterior sucede, por sobre todas las cosas, mientras el cuerpo permanezca joven y vital como para desempeñarse adecuadamente y, de paso, “subsanar el problema” de los deseos inadecuadamente acumulados.

Si bien es cierto que en, edades avanzadas, se puede disfrutar del sexo y el deseo (ni más faltaba), también es verdad que, al cabo de muchos años de permanencia en pareja (sea por matrimonio o por el vínculo que sea), el interés sexual le suele dar paso a otras “prioridades”, como lo son la compañía, el cariño, la ayuda mutua, el acompañamiento en momentos difíciles y mucho más.

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